Vanessa Téllez: Signos vitales

Insertada en la larga lista de la literatura dedicada al resentimiento del padre, ejercicio que se percibe catártico. Vanessa nos deja una obra que formula muchas preguntas, muchas interrogativas, suma de palabras que no finalizan. “Signos vitales” es una novela (no más de 140 páginas), que nos obliga a adentrarnos a un mundo no muy fácil de digerir, uno que es creado a partir de las ¿memorias?, ¿recuerdos?, de Zoe, la protagonista quien regresa para una cuenta pendiente con el progenitor. Prosa lírica, una novela que a mí no me suena normal o predecible, contagiarme de ella me costó apenas leer el primer capítulo, desafiante, un lenguaje que se ve pensando, sesudo, algo que no es muy común en novelas primigenias. Vanessa nos revela en pequeños capítulos bien armados historias que van desde Ester, la mujer atrapada en el cuerpo de una niña, Aura, la iniciadora, la conductora de un amor y Jacinta, la abuela que desde un lente nos enseña la terquedad de captar el momento con fotografías. Historias que se amalgaman y que son pequeños llaveros, penden de una llave, una más grande, la del padre, el padre que lo quiebra y le da forma al mismo tiempo a todo.

Sin pensarlo (tal vez, no lo sé), Vanessa nos da la llave para entender su escritura:

“Cuando era niña coleccionaba palabras, las encontraba en lugares insospechados. No era sólo de la boca de mamá de donde venían. Me gustaba la idea de hurtarlas, de retenerlas en la legua; me veía como una ladrona especialista en el robo de la palabra, del lenguaje, despojada de herramientas, sin armas ni artefactos sofisticados, sin nada que pudiera serme más útil que una hoja en blanco. Me encontré en la búsqueda de las palabras que por su sonido caprichoso me sorprendieran. Mi búsqueda se consagro en encontrar aquella que por su sonido y significado fuesen perfectas. “  (Pag. 84).

Y así lo parece, como si Vanessa se afanara en poner en cada una de sus oraciones algo perfecto, algo que no sonora igual, algo que fuera un viaje sorteado por palabras que se escogen una por una para armar el camino correcto. Una novela poblada por mujeres, los hombres apenas si se asoman y figuran como animales toscos, sin sentido en un mundo razonado desde la feminidad, a no ser por el padre, que se muestra más como un ente fantasmal que mueve a las figuras con su odio. Al transcurrir las páginas de “Signos vitales” dan ganas de leerla en voz alta y eso sólo me pasa con la poesía, caso raro el de una novela, que sorprende por su lenguaje y su afanada búsqueda, un caso extraño, algo que celebra la palabra.

Fondo Editorial Tierra Adentro.

José Elsinore.

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