Talking Heads y luego existo.

Un oficinista se dirige a su lugar de trabajo. Un hombre lleva varios libros bajo el brazo, es New York.  El hombre con los libros es Fresán, el oficinista es un simple asalariado, algo en común deben de tener: los dos son reminiscencias y seguidores de Talking Heads. Al momento en que usted baila, piensa y eso pocas bandas lo logran hacer. Rastrear la influencia de las Cabezas Parlantes sería imposible, ya que, como usted sabrá, Talking Heads es, sino la más importante, una de las bandas más influyente de lo que usted conoce como música moderna;  Arcade Fire y Franz Ferdinand son prueba de ello. Con su excéntrico vocalista David Byrne, sus letras dignas de una novela genial gringa y con el baile hipnótico tenemos a una de las bandas más originales, frescas, divertidas (sobre todo eso) y literarias que se podían encontrar en aquellos lejanos setentas – ochentas. Después de pequeñas, pero significativas palabras me dispongo a darles una muestra de las canciones que, a mi parecer, son de las mejores y dejemos que su curiosidad haga lo demás. Provecho.

 

 

 

 

 

 

 

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